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19 de enero de 2010

Chiapanecos sobrevivientes de terremoto en Haití

Cuentan el panorama desolador que se vive en Puerto Príncipe en Haití, donde radicaba la familia chiapaneca, que hoy se encuentran en Tuxtla Gutiérrez, para comenzar una nueva vida y de cero
Patricia Espinosa
Aún con el rostro triste Josué y Fárida, junto con sus hijas Victoria y Yarexi, por los amargos recuerdos del sismo que azotó a Haití, pero ya se encuentran a salvo y con su familia, en la capital chiapaneca, Tuxtla Gutiérrez.
Ellos, son sobrevivientes del terremoto de 7.0 grados en escala de Richter, uno de los más pobres. Que, afortunadamente lograron salvar su vida, aunque económicamente perdieron todo, al abandonar ese país
Fárida Dixiana Ortiz Chávez, de origen Centroamericano, pero casada con un mexicano, Tuxtleco de corazón, cuenta cómo vivió los minutos que parecieron horas de sismo que provocó la muerte de cientos de Haitianos y miles de damnificados y heridos.
Cierra los ojos, y recuerda “venía manejando rumbo a la empresa de mi esposo me faltaban cinco minutos para llegar, fue rápido, observé cómo se abría la tierra, se movía el coche y …cómo se derrumbaban casas y edificios”.
Fárida, hace una pausa, se agacha y llora, por los recuerdos terribles que pasó en Haití, tras el terremoto. “Luego de ese intenso movimiento, se sintió un silencio y empezaron los gritos, gente corriendo que se les cayó un brazo, un pie, gente desnuda pidiendo que los lleváramos al hospital fue un caos”.
“Me es muy difícil ver las imágenes en la televisión, porque a veces me pongo a pensar que los Haitianos dirán que los extranjeros se fueron y los dejamos, además que nos pedían ayuda y lo peor es que no podíamos hacerlo porque no había los medios”.
La familia decidió regresarse a México, hicieron contacto con la embajada y el pasado sábado por la noche retornaron a Tuxtla Gutiérrez.
“Me siento muy feliz, porque estamos vivos, pero mi corazón viene partido en dos”. Fárida llora desconsolada. “Tengo muchos amigos, tengo otros que están enterrados en los escombros, quise ayudarlos pero se necesita mucha maquinaria y fue difícil para mi dejar Haití en ese caos, no podía exponer a mis hijas a la contaminación que se está viviendo, los muertos se los encuentra en cualquier parte a escasos metros un bulto de otro bulto”.
Fárida apenas tenía dos meses de llegar por segunda vez a Puerto Príncipe en Haití, y consideró que harían una vida en ese país. El terremoto, los hizo regresar repentinamente y ahora, están de nuevo con su familia en Chiapas.
Josué Sánchez Gutiérrez, esposo de Fárida, tenía siete años trabajando en ese país que hoy está en caos. Se encontraba trabajando en una embotelladora cuando sintió el sismo. Pensó que se trataba de un accidente, y luego se percató de la magnitud de lo que en realidad, fue un terremoto.
“Estaba trabajando eran como las 4:53 de la tarde y corrí hasta que vi cómo se desplomó la parte frontal de la empresa”.
Al salir, se encontró con su esposa y dos hijas, todo era gritos y llanto de la ente que estaba atrapada entre los escombros y los lesionados.
“Comenzó de nuevo a temblar me preocupó porque estaba en la costa y pensé en un tsunami, al salir por el congestionamiento de los carros, vimos gente muerta, sangre, casas destruidas, fui avanzando y viendo lo peor”.
Regresaron a su casa en la que estaba intacta, pero sacaron lo necesario para partir de ese país lo antes posible, tal y como sucedió para evitar las epidemias por las miles de muertes.
Para Josué, lo primero es la vida de su familia y ahora comenzarán de cero. De sus amigos y compañeros, no sabe nada, varios, presume, están muertos entre los escombros.
“Lo peor de la experiencia es haber estado ahí, me pedían ayuda y no poder hacerlo, es una tremenda desesperación”, dice, mientras refleja un rostro consternado.

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